Editorial

Invitado Especial

Mayo 30 de 2020

Los docentes sembramos la palabra primavera

HAY TURBULENCIA, PERO SIEMPRE EL SOL BRILLA

Corría el año de 1666 cuando la peste bubónica azotó Inglaterra y las instituciones educativas fueron obligadas a cerrar sus puertas.  ¡Todos a sus casas!  En esa experiencia de confinamiento, Isaac Newton, un joven universitario de Cambridge que de niño se entretenía con juguetes mecánicos, formuló la ley de gravitación universal.  Durante la segunda guerra mundial la persecución nazi obligó a miles de judíos a refugiarse en buhardillas.  En uno de esos escondites Ana Frank, adolescente de 14 años, escribió un diario que es referente de la literatura y nos retrata sus vivencias familiares en esos días de infamia.  En ese mismo periodo, el niño Boris Cyrulnik, sufrió la pérdida de sus padres en los campos de concentración.  Desde entonces, vivió en hogares de acogida y orfanatos, pero jamás permitió que la palabra trauma entrara en el destino de su vida.  Actualmente es destacado neuropsiquiatra y de su expediente creativo emerge el concepto de resiliencia entendida como “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”.

Toda experiencia es un aprendizaje, un estímulo de crecimiento personal y colectivo, una oportunidad para cambiar la mirada; anticipar actos de transformación y asignar otros sentidos al curso de la vida.  La educación es el motor del desarrollo humano.  Contribuir a la modificabilidad del pensamiento (PUIQUI) exige una mediación pedagógica que facilite el surgimiento de nuevas percepciones a partir del saber preexistente.

Cuando el barco es amenazado por tormentas, el capitán convoca a la tripulación y juntos rehacen las cartas de navegación.  Los retos comunes se afrontan en equipo, sumando inteligencias y activando voluntades.

En esta coyuntura estamos llamados a ser cocreadores de nuevas estrategias de aprendizaje y modelos de acompañamiento pedagógico.  Si en la adversidad se siembran palabras de dolor e incertidumbre, los maestros (as) sembramos la palabra primavera.

El escenario ha cambiado por razones de protección y la casa se convirtió en una “escuela en familia”.  Las dinámicas de la escolaridad son otras en tiempos de pandemia y exigen de todos los actores, altas dosis de comprensión y maestría comunicativa para integrar saberes y proyectar la vivienda como una enciclopedia abierta, un laboratorio para producir conocimiento y tejer afectos.

Sobra advertir que nunca la mediación virtual sustituirá la fuerza y eficacia del dialogo presencial pero también se hace necesario reconocer que, con uno u otro medio, el espíritu de aprendizaje siempre será el preciado fruto de la disciplina y la vocación personal.

Compete a la política pública, caracterizar los grupos familiares e identificar sus debilidades y fortalezas.  Unos y otros son determinantes a la hora de evaluar resultados y objetivos.  Las herramientas virtuales aún no están al acceso de todos y existe el riesgo de exclusión y no cumplimiento del derecho fundamental de equidad.  Corresponde a directores, educadores, padres y madres de familia; fortalecer los enlaces, flexibilizar propósitos y afirmar el horizonte de la comunidad educativa.

Si estimulamos el sentimiento investigativo en los niños (as), les motivamos a hacer preguntas y narrar a su manera la experiencia; descubriremos que en su corazón estaba escondida una estrella.  Basta acompañarlos con la fuerza del amor y ser el copiloto fraterno en el vuelo de sus vidas.  Todos aprendemos.  Hay turbulencia, pero siempre el sol brilla.

GABRIEL LATORRE CARVAJAL

Director Pedagógico Programa Alianza Educar Familia.
Investigador en Prevención de violencias.
Autor Himno de Bucaramanga.
Postulado a Premio Nacional de Paz 2015.

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